viernes 24 de abril de 2009

Pepo, mucho más que un condorito (Parte 1)



Por Jorge Montealegre Iturra

El julio del recién pasado año 2000, falleció Pepo a los 88 años. «Tras la paletada nadie dijo nada», pero no por la ingratitud de sus admiradores. El largo silencio fue para cumplir con la voluntad de Pepo, quien pidió que no hubiera discursos de despedida y que sus cenizas fueran lanzadas al mar, frente al Quisco. Quedaron muchas palabras sin decirse. Palabras necesarias para acusar la pérdida del autor de un patrimonio iconográfico fundamental que ilustra la «chilenidad cotidiana» de al menos medio siglo de nuestra historia.
Pepo fue grande. Probablemente el dibujante humorístico chileno más completo del siglo XX. Se destacó en el humor político, deportivo, picaresco y para niños. También en la ilustración de libros y en la publicidad. «Condorito», su personaje de mayor trascendencia y que le reportó más reconocimientos, no es la única huella de Pepo en la historia del Humor Gráfico de Chile.

Los primeros pasos: de Pipón a Pepo

René Ríos Boettiger, «Pepo», nació en Concepción el 15 de diciembre de 1911. A los dos años, «Pipón» (así le decían por lo gordito) ya hacía dibujos impactantes. Tanto, que sus papás tuvieron que hacer pintar las paredes de la casa para borrar los «frescos» de tan precoz muralista.
De chico tuvo admiradores y se podría decir que el socio número 1 de su fans club fue su padre, el Dr. René Ríos Guzmán, eminente médico radiólogo de Concepción. Con chochera –incluso mirando por sobre el hombro– seguía los primeros dibujos del niño, cuyos momentos de mayor producción eran cuando estaba en cama con alguna peste típica de cabrochico.
En cierta oportunidad la mirada paterna quedó perpleja al ver que el niño –que tenía apenas 6 o 7 años– había hecho una perfecta caricatura del Intendente de la provincia.
En esos días Pipón dibujó a un típico personaje de Concepción: un «canillita» –o suplementero ambulante– que era tuerto, usaba un parche blanco sobre el ojo, andaba con un perrito y voceaba: «¡El Suuuuure! ». El Dr. Ríos le llevó el dibujo a don Lucho Silva, que era el director del diario El Sur. Esa fue su primera publicación.
La segunda vez que publicó en un diario también fue en El Sur. Entonces tenía como 9 años y su mono era una tira cómica titulada «Fernando haciendo la cimarra», con la cual ponía en evidencia al más cimarrero de sus primos.

Admirador y recopilador de los dibujos de su hijo, el Dr. Ríos le organizó su primera exposición: exhibió en una vitrina de la Confitería Palet, de Concepción, una serie de originales con la siguiente leyenda: «Dibujos del niñito René Ríos, a los 10 años de edad». Semejante popularidad sorprendió al modesto artista. También le dio un poco de susto.
Quizá porque ahí empezaba un futuro insospechado: el pequeño Pipón comenzaba a convertirse en Pepo.

El apodo «Pipón» (que era como decirle «gordo como un tonel») fue desplazado por el de «Pepo», sobrenombre más llevadero que le puso un médico amigo de la familia.
Así nació uno de los seudónimos más célebres de Chile.
Sus primeros estudios Pepo los realizó en el Liceo alemán de Concepción, hasta 4º año de humanidades. El 5º y el 6º los hizo en el Liceo de hombres de la misma ciudad para egresar de bachiller. Luego, en 1930, ingresó a la Escuela de Medicina, donde alcanzó a estar dos años. «Al segundo año –confesó– tiré la esponja porque no tenía dedos para el piano ¡yo vivo en el aire y un médico tiene que concentrarse! ». Sin embargo, sus compañeros querían que siguiera, porque era muy bueno... para el fútbol y el básquetbol.

Obedeciendo a su vocación real, optó por conocer más la anatomía artística que la científica y decidió estudiar dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Santiago.
Con el mejor orgullo provinciano, el diario que había publicado sus primeros monos informó –en marzo de 1932– sobre la partida del hijo pródigo.
«Con su estuche de dibujante bajo el brazo, en reemplazo de la “Anatomía” de Testut, vencida la esperanza de un médico serio y grave por la impetuosidad avasalladora del sentimiento artístico, René Ríos Boettiger partió hace algunos meses a Santiago a empezar sus estudios de dibujo en la Escuela de Bellas Artes».
Ya en la capital, hizo apuntes de artistas para Los Tiempos e hizo caricaturas de las estrellas de cine para la revista Ecran. Así comenzó a darse a conocer en Santiago.

Caricaturas de la política

La llegada de Pepo a la capital coincidió con el inicio de la revista Topaze, fundada por Jorge Délano (Coke) en los días en que caía la dictadura de Ibáñez. No le costó al joven dibujante ingresar al equipo de topacetes. Más aún, Coke se convirtió en su maestro y Pepo en su natural sucesor no sólo como portadista sino también como un maestro de nuevos dibujantes.
Buena parte de la pequeña historia política y social de Chile del siglo XX está registrada en Topaze ... y en aquellas revistas que hicieron sátira política a su imagen y semejanza. En ellas Pepo demostró ser un caricaturista de excelencia. Sus ilustraciones para Topaze, Wikén, Cambiazo, Tontilandia, La Raspa, Monos y Monadas, Saca Pica y otras, son un registro iconográfico que incluye en su extensa galería de personajes a los Presidentes de la República y a nuestros dos premios Nobel de Literatura. Como caricaturista político activo a Pepo le correspondió cubrir varios períodos: prácticamente de Ibáñez a Ibáñez.

En Topaze inició la serie de tiras cómicas protagonizadas por los jefes de Estado. La inició justamente con «El Jefe», cuando estaba al mando su tío Juan Antonio Ríos.
Luego vino «Don Gabito», su tira política de mayor éxito, que inmortalizó la frivolidad de Gabriel González Videla. Finalmente, «Don Sonámbulo», caricatura de Carlos Ibáñez en su segundo gobierno.


CONTINUARA...